«No es necesario escribir ni un solo poema para vivir poéticamente. No tenemos la obligación de escribir versos, pero sí que tenemos la obligación de vivir la vida como un poema, de convertir la propia vida en belleza

Antoni Pascual Piqué (Barcelona, ​​1941-Sant Celoni, 2001) cultivó el ensayo, la biografía, la traducción y la fotografía. Dedicó gran parte de su actividad a impartir cursos y conferencias sobre autores en los que se podía encontrar inspiración por el difícil arte de vivir, tanto en su vida como en su obra.

Fue autor de “retratos biográficos”: Rainer M. Rilke, Antonio Machado, Oscar Wilde, Victor Hugo, Joan Maragall, Mario Torres…, poetas a los que presentó como transmisores “de sabiduría (que es más que ciencia), de crecimiento (que es más que progreso técnico) y del canto y la alegría (que son más que la expansión económica)”, en sus palabras.

La búsqueda de la identidad profunda del ser humano, más allá del ego y del yo superficial, fue una de las claves de su investigación, tarea que abordó -y en esto radica posiblemente su originalidad- en el terreno de la creación artística. Lo explicaba así:

«El arte nos brinda un medio para conectar con nuestras emociones y sentimientos profundos, con el inconsciente energético, que es feliz y sanador. En este caso, el artista auténticamente creador, que proviene de este fondo informe, le da forma, sonido o color. Es un «ángel», un enviado, un símbolo unificador, un portador de la propia felicidad que, con su obra, nos permite experimentarla. De aquí el amor y el agradecimiento que el artista o su obra suscita. Es el auténtico mediador, pontífice y sacerdote de esta verdadera y única religión: la que religa al hombre consigo mismo y con la realidad. Una religión de gracia y belleza. No moralista pero sumamente exigente, experimentable y feliz.»